Aquí, en IHerreral Labs, siempre estamos trasteando con algo, y a veces, esa «trasteada» nos lleva a situaciones un tanto… incómodas. La última aventura ha sido una caza de brujas, o mejor dicho, una caza de fotos perdidas, y ha involucrado a mi modesto FileZilla, Google Fotos y la enrevesada red de mi homelab. Esto no es un tutorial de «cómo recuperar tus fotos con 3 clics», sino más bien la crónica de un rescate personal, con sus sudores fríos y sus momentos de «¡Eureka!».

El drama empezó como suelen empezar estas cosas: con la inocente creencia de que «todo está en la nube». Tenía la certeza, casi religiosa, de que todas mis fotos importantes estaban a salvo en Google Fotos, con sus copias de seguridad activadas y funcionando como un reloj suizo. Pero, claro, el reloj suizo a veces tiene arena en los engranajes. Resulta que, por algún giro del destino (o, siendo sinceros, alguna mala configuración o borrado inconsciente de mi parte hace meses), una buena tanda de imágenes de un viaje familiar reciente simplemente… no estaban. No en Google Fotos, al menos no en la calidad original que yo esperaba, y algunas, directamente, habían desaparecido de las fechas que yo recordaba. La papelera, por supuesto, vacía. Pánico, sí. Marketing, no. Esto era real.
Mi primera reacción, tras el ataque de nervios inicial, fue volver a lo básico: mi homelab. Ese montón de hierros y cables que a veces me da más dolores de cabeza que alegrías, pero que en estas situaciones se convierte en el último bastión. Recordé que, en algún momento, tuve una copia de seguridad «manual» de ciertas carpetas de fotos subidas a mi NAS (un Synology modesto) antes de confiarlo todo a la nube. Pero ¿dónde? ¿Cuándo?
Aquí es donde entró en juego mi viejo amigo FileZilla. No, no iba a usarlo para un FTP anónimo, sino como mi explorador forense personal. Conecté vía SFTP a mi NAS y empecé la búsqueda. No me interesaba solo la última copia, sino el historial. Mi homelab, aunque humilde, tiene cierta estructura de respaldo: un script rsync diario que copia ciertas carpetas de mi PC principal al NAS, y luego un respaldo semanal del NAS a un disco externo. El problema es que esas copias no siempre son «instantáneas» o «completas» de todo lo que luego va a la nube.
Lo que hice fue simple, pero tedioso:
- Exploración con FileZilla: Abrí FileZilla y conecté a mi NAS. No buscando una carpeta específica llamada «Fotos Perdidas», sino rastreando directorios antiguos. Busqué en
/volume1/backup/mi_pc/, luego en/volume1/shares/Fotos_originales/(una carpeta que había abandonado hace tiempo, pensando que Google Fotos lo gestionaba todo). - Filtrado de fechas y tamaños: FileZilla me permitía ordenar por fecha de modificación. Empecé a mirar carpetas de meses y años anteriores, buscando esas fechas «missing» de mi viaje. También filtré por tamaño de archivo. Las fotos originales de mi cámara tienen un tamaño considerable; si encontraba archivos de pocos KB en la fecha esperada, sabía que eran miniaturas o archivos corruptos. Buscaba los MB completos.
- Comparación manual (la tortura): Descargué carpetas sospechosas y, en local, usé un visor de imágenes para comparar visualmente con lo que sí tenía en Google Fotos o en mi galería móvil. Sí, un dolor. Sí, es lento. Pero es el precio de la paz mental.
Y ahí estaban. No todas, para ser honesto, pero una buena parte de las imágenes «desaparecidas» residían en una carpeta que llevaba casi un año sin sincronizar correctamente con mi script de rsync, y que, por ende, nunca llegó a Google Fotos. Eran copias originales, enteras, esperando ser redescubiertas en un rincón olvidado de mi NAS. La lección principal no fue «Google Fotos es malo» (que no lo es), ni «siempre usa FTP» (no, SFTP es mejor, y esto es solo una herramienta de exploración). La lección fue: entiende tus flujos de datos y no confíes ciegamente en la automatización.
Mi «humilde homelab» me salvó el pellejo. FileZilla, ese veterano de mil batallas, fue el explorador clave. Y Google Fotos, bueno, me recordó que la capa de abstracción de la nube a veces esconde complejidades que hay que entender a fondo. La recuperación fue un éxito parcial, pero suficiente para evitar un disgusto mayor. Este episodio reforzó mi creencia de que, aunque la tecnología avance, un buen puñado de pragmatismo y una verificación manual de vez en cuando son insustituibles. Y sí, ahora mis estrategias de backup han recibido una buena revisión. ¡Por supuesto! ¿Pensabas que no iba a aprender la lección? Este laboratorio no es solo para probar cosas, también es para arreglar mis propios errores.